domingo, 12 de agosto de 2012

El increíble caso de “Poxi”, el preso que se sigue fugando de la cárcel

POR SERGIO DIMA

Era la mano de derecha del ladrón “Sopapita” Merlo. Se escapó dos veces en cuatro años, con papeles “truchos”.
06/08/12 clarin.com
En los 90 se hizo conocido por ser el lugarteniente del famoso asaltante Néstor “Sopapita” Merlo. Luego cayó en el anonimato por un tiempo, pero ahora volvió con todo: Gustavo “Poxi” Maciel Villaverde (42) acaba de protagonizar una espectacular fuga de prisión, con cómplices disfrazados de guardiacárceles que falsificaron papeles para llevárselo de un penal sin disparar un solo tiro . Y lo más impactante es que fue su segunda evasión en cuatro años.
La primera fuga había sido en 2008, cuando “Poxi” – apodo heredado de una temprana adicción a aspirar pegamento – estaba alojado en la Unidad 9 de La Plata, a la espera de un juicio oral por un hecho ocurrido el 1° de mayo de 2006 en Villa Tesei, Hurlingham. Aquel día, él y otros tres ladrones asaltaron a un matrimonio. Cuando escapaban, se tirotearon con la Policía. “Poxi” recibió un tiro en una pierna y cayó preso junto a sus cómplices . El 8 junio de 2009, uno de ellos, Julio “El Tuerto” Madera, fue condenado a perpetua. Pero para entonces Villaverde ya había huido de prisión y estaba prófugo.
Es que, el viernes 18 de julio de 2008, un hombre vestido con uniforme de agente penitenciario se presentó en la Unidad 9 con un oficio firmado por la secretaria del Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 de Morón. Allí se consignaba que Villaverde había sido absuelto y debía ser liberado. Fue así como “Poxi” salió caminando del penal sin que nadie se le cuestionara nada . Lo único que hizo dudar a los agentes fue que la orden estaba firmada por una sec retaria y no por el mismo juez. Según dirían luego, intentaron comunicarse con el tribunal pero no lo lograron.
Una semana más tarde, el 25 de julio de 2008, estallaba el escándalo. Fue cuando el TOC N° 3 de Morón recibió el oficio de la excarcelación de Villaverde para que se adjuntara al expediente. Al ver el escrito, la secretaria del tribunal reaccionó: ella no había firmado ni ordenado nada. El agente, la orden y la firma eran falsos.
Villaverde quedó prófugo, con una nueva orden de captura sumada a su larguísimo prontuario: “Poxi” venía sumando arrestos desde 1988. En octubre de 1998 había sido condenado a 16 años de cárcel. Lo liberaron el 17 de setiembre de 2004 y volvió a caer en 2006, con el asalto en Villa Tesei.
El ex lugarteniente de “Sopapita” se mantuvo prófugo durante más de tres años. En diciembre de 2011 fue detenido en Bella Vista tras protagonizar un violento robo que terminó a los tiros. Fue alojado en la Unidad 30, de General Alvear. Pero cada dos meses era llevado a la Unidad 41, de Campana, para recibir visitas de su familia. Allí estaba el 10 de junio último cuando volvió a fugarse; ahora, con un golpe aún más cinematográfico .
Este segundo capítulo del escándalo explotó el 27 de junio. Fue cuandola Justicia se enteró, con 17 días de demora, de que “Poxi” había logrado escapar otra vez.
La secretaria del TOC N° 3 de Morón lo requería para una rueda de reconocimiento. Pero pronto descubrió que nadie sabía dónde estaba Villaverde. Tuvo que hacer una recorrida telefónica por varias cárceles preguntando por él hasta que, desde el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), no tuvieron otra posibilidad que decirle que no aparecía.
Según le dijeron, el 9 de junio (día previo a la fuga), en el penal de Campana recibieron un llamado: querían saber si Villaverde estaba ahí porque tenían que llevarlo a una rueda de presos en San Martín. Cerca de las 2 de la madrugada del 10 (en un cambio de guardia) llegaronhombres vestidos como penitenciarios con la orden de traslado de Villaverde. Todo parecía en regla.
Lo subieron a una camioneta Chevrolet LUV (blanca y ploteada como si fuera del SPB) y se lo llevaron. Pero todo era falso.
“Se movieron muy bien, manejaban el código de los penitenciarios. Se hacían los apurados.
La guardia les entregó a Villaverde e incluso estos tipos le dieron algún golpecito, como enojados, diciendo: ‘ Por culpa tuya tenemos que andar laburando a esta hora’ ”, le dijo una fuente del caso a Clarín.
Por eso creen que los falsos penitenciarios eran ex reclusos.
Desde el SPB no hablaron con Clarín . De manera extraoficial, un vocero apenas dijo que hubo una confusión entre los penales .

Latino astrophysicist receives prestigious prize

He’s a brilliant professor, but in science that can hardly make one rich or famous. But Juan Maldacena can now consider himself both.  The Argentinian-American physicist was named a Milner Foundation Fundamental Physics Prize recipient, one of nine physicists who each received a $3 million prize.
Maldacena – a theoretical astrophysics professor at the Institute for Advanced Study School of Natural Sciences (the famed institution that Albert Einstein called his academic home) – was one of just nine scientists to receive the esteemed prize.  The award was established by Yuri Milner, a famous tech investor who made his billions investing in online startups like Groupon and Facebook. And unlike the Nobel Prize, which awards $1.2 million or the Templeton Prize, which awards an upwards of $1.7 million, the Fundamental Physics Prize is the only prize of its kind to award such a sizeable sum to a single individual.
While Maldacena was hand picked by Milner as one of the inagural class of prize recipients, Maldacena and his colleagues will decide next year’s award winners.
For Maldacena, whose ground-breaking work in string theory, quantum gravity and quantum field theory has earned him double-digit prizes and honors over the course of his career, the prize represents the value of his research to the subject of physics.

Dr. Juan Maldacena is the recipient of the prestigious Fundamental Physics Prize.
“I was always interested in understanding how nature works,” says the 43-year-old, who taught at Harvard University before joining the faculty at the Institute for Advanced Study. “I always wanted to understand the fundamental laws of physics and in particular, the laws that govern space time at the shortest distances.”
Maldacena, who received his undergraduate degree in Argentina before completing his Ph.D. at Princeton University in 1996, says that “the presence of a vibrant research community with high standards and a commitment to finding the truth” has played a deciding factor in the success of his work. In fact, four of the nine Fundamental Physics Prize recipients work at the Institute for Advanced Study and together work on complex mathematical theories explaining basic particles and forces of the universe.
For Maldacena, the lucrative prize has little effect on the day-to-day mechanics of his research. He says jokingly, that he will now be able to pay off his mortgage. What will keep him focused, he says, is still the same – his quest to discover the mysteries of the universe.
“The examples of other researchers, who have often had to work for many years to make important discoveries,  inspires me,” says Maldacena.

sábado, 11 de agosto de 2012

Basketball world owes Manu Ginobili and Argentina's national team debt of gratitude

ADRIAN WOJNAROWSKI

Yahoo! EXPERT

Fri, Aug 3, 2012 8:04 PM EDT

LONDON – Ten years ago, San Antonio Spurs general manager R.C. Buford walked into a steak house in Indianapolis, leaned into a private dining room, and witnessed Manu Ginobili and the brokenhearted Argentine silver medalists gathered at a long table for dinner. Children bounced on knees, wives and girlfriends chatted, and the fiber of a 2004 Olympic gold medalist strengthened itself in the aftermath of basketball's '02 world championships.
Manu Ginobili of Argentina (Getty Images) Argentina had delivered the United States its first loss in the post-Dream Team era, sending a ragged and motley Team USA tumbling toward sixth place and a well-deserved moment of global reckoning. USA Basketball had no system, no soul, no vision. The program had collapsed under the weight of its own neglect and hubris, a sense of entitlement that ultimately met its international match with a relentless band of brothers out of Argentina.
Argentina had long been a good team, but Manu Ginobili's emerging greatness promised to make them champions. He was daring and fearless, alive with a fervor and an innate sense of duty and obligation for the greater good of his basketball teams.
"The American guys had limousines lined up at the team hotel to get out of Indy as soon as they could," Buford said by phone from San Antonio this week. "The way the Argentines played, the passion they had for their national program, the way that they cared about each other, was something that was clearly missing with the U.S. program."
A senior USA Basketball official, Sean Ford, happened to be at the restaurant in July 2002, and the scene of the Argentine team stayed with him. As much as any national team on the planet, Argentina's rise to relevance demanded something closer to a revolution than a response stateside. Jerry Colangelo and Mike Krzyzewski were hired, Kobe Bryant and Jason Kidd were recruited, and truer training camps and feeder systems were installed.
Make no mistake: Argentina became a blueprint for the United States on its re-ascension to dominance. Yes, talent mattered, but so did culture, and no one has embodied team the way that Argentina has with Ginobili as the best player and leader. Another Spur, Fabricio Oberto, taught Ginobili on the national team, and he's passed it down, too.
Ten years later, Ginobili, 35, is on the cusp of saying goodbye to international basketball, but his legacy is unparalleled in this Olympic basketball tournament. On his way out, he's still averaging the most points, steals, and holding the highest efficiency ranking of these Games. He's still going to the floor and chasing loose balls, a national hero with the spirit to honor that Argentine uniform and flag.
As a young boy, Ginobili watched Maradona win the World Cup for Argentina in '86, but Ginobili turned out to be his country's Michael Jordan.
"It would be a little arrogant if I say that we are a blueprint of the USA Basketball," Ginobili told Yahoo! Sports. "But I think we did a heck of a job for a decade and am incredibly proud of what we've accomplished. And a lot of teams started to maintain a group of players – a core – that played together."
Ginobili was truly one of the children of the NBA's globalization, a young soccer player mesmerized over the flickering images of the Jordan and Magic Johnson highlights broadcast every Sunday night at midnight on Channel 9 in Argentina. Commissioner David Stern sold the rights for $2,000 to an eager basketball and soccer analyst named Adrian Paenza, and those images inspired Ginobili to try it all himself.
"When I was a kid, I didn't even dream of playing in the NBA," Ginobili says. "Nobody ever from Argentina played in the NBA when I was 10. I was watching MJ's tapes and thinking he was from another planet, that he was unreachable, untouchable – the same as Magic and Larry.
"And then I find myself, years later, raising the same trophy as they did."
Three times, Ginobili lifted an NBA championship trophy with the Spurs. He is the only player in history to have won an NBA title, an Olympic gold medal, and a Euroleague championship. That'll probably stand the test of time, too. Across the past decade, the two teams that have most shaped his legacy – the Spurs and Argentina – have been reflections of the culture his presence fosters, a touchstone player and leader that fits into environments and programs with precisely what teams need out of him.
Argentina had a core of toughness and tenacity, a 30-something team now that includes Luis Scola andAndres Nocioni and Carlos Delfino. Behind them had been Oberto and Pepe Sanchez. They all played in the NBA to different degrees of success, but Ginobili has forever been the game changer.
"He is my hero," Scola says.
"He took on a huge responsibility, and elevated everything there," Kobe Bryant says. "I admire him."
For all the discussion about how the NBA's desire to turn the Olympics into an under-23 tournament will affect the Americans, there's been little perspective on how this rule will impact the rest of the world. This has been a magical generation for the Argentines, and there hasn't been great young talent rising behind them in the country. In some ways, moving to under-23 will make the United States even more dominant in the Games, because these kinds of generational core groups aren't so easily replaced in the Argentinas and Spains.
"If I was 24 right now, I'd be crying in that corner over there," Ginobili says. "[Olympic basketball] has been one of the wonderful experiences of my life, and I wish that every athlete could have the opportunity."
Ginobili has almost always played for Argentina in his summers, and the Spurs understand that it's cost them a cumulative toll on his body. He tore ligaments in his ankle in a medal-round game against the United States in the 2008 Olympics, necessitating surgery. Yet Buford and Spurs president and coach Gregg Popovich have always accepted that they've reaped the benefit of all those pressure international games that Ginobili played, reaped all that winning and team building that he brought to the Spurs.
As Buford says, "When we brought him over [in '02], we wanted him to bring that to our program."
Ginobili was wired to care deeply, wired to loyalty, and the continuity of the Spurs' core players and values blended perfectly with the Argentine national's.
"The success of this team is chemistry, compromise," longtime Argentina national coach Julio Lamas says. "They want always after a win, like Athens, is that they want to win again."
Lamas was talking about the national team, but he could've been describing the Spurs, too. This is the reason that Buford and Popovich, Tim Duncan and Tony Parker, will be forever indebted to Ginobili. He was a two-time All-Star, an NBA sixth-man of the year, but most of all, he was the player no one dared take their eyes off, full of flamboyance and ferocity, endless grace and humility.
Yes, Ginobili comes out of Bahia Blanca, Argentina, and Bologna, Italy, of the Euroleague and San Antonio of the NBA. He's won Euroleague championships and Euroleague Final Four MVPs, and elevated Argentina into the global basketball elite. He comes out of the core of a Spurs dynasty that delivered three NBA titles on his watch, and, rest assured, Manu Ginobili deserves to go into the Naismith Basketball Hall of Fame with one of the great collective NBA and international resumes in history.
"He's the poster child for what's good about being part of a team," Buford says.
Ginobili will likely wear his Argentina colors for the final time in these Olympic Games. And for all that everyone wants to talk about the end of the NBA superstar in London as purely a story about Team USA – about Kobe Bryant and LeBron James – the biggest goodbye of all belongs to the three-time Olympian who changed the way the world looked at Argentina basketball, and maybe, too, the way that USA Basketball looked at itself.
As a boy, the NBA stars taught him the game, but as a man, Ginobili and Argentina passed on a refresher on the lessons and values the U.S. national team needed to incorporate again. USA Basketball responded, revolutionized, and Ginobili is forever owed a debt of gratitude. Ten years later, the Team USA gold medal deserves a nod to one of the great basketball givers of this time, Emanuel David Ginobili.

Tres flashes y un pasaje hacia una nueva vida

De chico, imaginó La Ciudad a la distancia. Ya de grande siguió hasta aquí a una mujer, la actual madre de sus hijas porteñas.

clarin.com 03/08/12

Debo reconocer que llegué a la Argentina a partir de una serie de flashes. 1°) Enero de 1978, Tomi, un amigo de la infancia vive entre Buenos Aires y Milán por el trabajo de su papá. Jugamos a los piratas en un viejo baúl que tiene un sticker del puerto de Buenos Aires. Me habla de espacios abiertos y de la escuela que empieza en marzo. Tengo que ir a ese país.
2°) Verano de 1982, guerra entre dos países que considero civilizados. Maduro amor para el barroquismo de las crónicas de la política y el atlas que me ayuda a descubrir un territorio realmente inmenso frente a mi pequeña bota europea, más chica que la provincia de Buenos Aires.
3°) Diciembre de 1999, Santiago de Cuba. Una psicóloga argentina. Vuelvo a Italia y, en el camino desde el aeropuerto a casa, entro en una agencia y compro un pasaje. Fecha: 25 de diciembre. Destino: Buenos Aires.
Vamos a cambiar de milenio del otro lado del mundo. De los 8 grados bajo cero de mi casita en los Alpes a los 39 de San Telmo. Buenos Aires sabe cómo marcarte el recuerdo de tu primera visita.
Desde allí los flashes se hacen más seguidos y uno termina encandilado por la belleza de todo, por la luz, por la gente. Mi primer día solo por la Ciudad elijo perderme sin destino final. Diagonal Norte, Florida hasta plaza San Martín, de las avenidas inmensas a la Recoleta. ¿Qué les pasa a los árboles? ¿Y a las chicas? ¿Y a los que tocan los tambores? ¿Y al bife de chorizo? Todo tan exuberante y una certeza desde el primer día: antes o después quiero vivir un tiempo en esta ciudad.
El 10 de agosto de 2006 empieza el primer día del resto de mi vida. Hace casi seis años que estoy aquí, acabo de cumplir 40, tengo dos hijas porteñas y sigo con mi amor, la argentina que conocí en Cuba. Recorrí mil veces casi todos los aeropuertos de la región. Soy un traficante de talento argentino. Exporto por toda Latinoamérica branding de primerísima calidad, como se dice hecho acá . Trabajo en FutureBrand, una gran consultora de desarrollo estratégico y creativo de marcas.
Amo tener un auto con ventanillas manuales. No sólo y no tanto por la nostalgia del primer auto de mi papá. Me gusta tener un auto común y corriente, sin muchos chiches que se puedan romper. No tener que vivir con la angustia de tener el último modelo de auto, zapatilla, celular. Un estilo de vida colectivo, menos híperconsumista e hípercompetitivo puede ser muy sano para la felicidad individual.
Amo el respeto por los niños. Difícil explicarlo a quien vive en la Argentina y lo considera natural, pero Buenos Aires es una ciudad que me tendió mil veces la mano mientras estaba paseando con un cochecito o bajando de un bondi con una nena a upa. Y las plazas tienen miles de ojos cuando tu nena intenta hacer bungee jumping de un tobogán o descubrir cuántos baldes de arena entran en los ojos de un compañerito. Es impresionante el número de payasos, actores, músicos y titiriteros que decidieron dedicar su vida o parte de ella a los chicos.
A diferencia de lo que le debe suceder a la gran mayoría, a mi me encanta que me despierten el sábado a la mañana con ruido a martillo neumático y ver espantosas torres que crecen entre casitas como hongos. Es la contaminación acústico-visual de una ciudad viva, que evoluciona, claro, con su clásico desorden porteño, pero hay que pensar que la fundó una hermosa mezcla de pueblos mediterráneos. Y hablando de mezclas, adoro leer entre las primeras palabras de un país que nace la frase: “y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino” .
Pero lo que más que nada me llena de vida es abrir el viernes a la noche un portal de teatros y no tener la más mínima idea de qué elegir porque la oferta cultural es abrumadora, incluso para alguien que vivió en Milán, en Roma, en Londres y en Nueva York. Y probablemente el centro de todo está allí, en los pequeñas casas que se transforman en precarios teatros, en el contador (o el experto de branding) que se sube a un escenario.
Estas extraordinarias ganas de festejar, de hacer y ser cultura al mismo tiempo, de no dejar nunca de vibrar en sintonía con los demás, de encantar y dejarse encantar es la fuerza y lo que define en el profundo a esta ciudad y a este país.
Ah, y otro día hablaremos de los dos o tres defectos que le encontré a la Ciudad, pero no hay prisa, me voy a quedar varios años más por aquí

Torturó a su mujer y los vecinos casi lo linchan

Le provocó graves quemaduras con un hierro caliente y la tuvo cautiva dos días. La Policía lo detuvo cuando entre 30 personas le daban una brutal golpiza.

clarin.com  31/07/12 - 15:46
Durante dos días, su casa se convirtió en una prisión en la que su marido la torturó salvajemente. Herida, logró escapar y pidió auxilio. La Policía de Bariloche atrapó al agresor justo cuando los vecinos intentaban lincharlo. 

La mujer, de 28 años, tuvo que ser operada, ya que sufrió heridas mutilantes, informó hoy el diario de Río Negro. Su marido está acusado de haberla torturado con un hierro caliente y haberle provocado quemaduras graves en sus brazos, piernas y en la zona genital, informó personal de la comisaría 77 a la agencia de noticias Télam. 

Tras los dos días de encierro forzado, la joven logró escapar de su casa en el barrio Nahuel Hue, situado en el Alto Bariloche, y pidió ayuda a sus vecinos. Al huir, dejó a sus dos hijos, de cuatro y dos años, en un terreno vecino. 

Los vecinos llamaron a la Policía, que trasladó a la mujer al hospital e inició un rastrillaje para encontrar al atacante. Pero los vecinos lo encontraron antes, justo cuando llegaba a su casa. Entre 30, lo sometieron a una feroz golpiza, que terminó con el arribo de los efectivos que lo detuvieron y lo trasladaron a un hospital, donde fue asistido por las heridas. 

Los hijos de la pareja fueron rescatados por personal del área de Promoción Familiar, que luego los entregó a familiares de la mujer. 

El agresor, que había llegado de Chile con su familia semanas atrás, fue trasladado a la Unidad Penal III, y hoy iba a ser indagado por el juez Martín Lozada, que quedó a cargo de la investigación.

Vivir en Siria en medio de la guerra civil, las barricadas y las matanzas

POR JANINE DI GIOVANNI | clarin.com

Hasta hace pocos días la gente intentaba seguir con sus actividades. Ahora la mayoría huye de los bombardeos.
 
31/07/12
¿Qué se siente cuando empieza una guerra? ¿Cuándo desaparece la vida como uno la conoce? ¿Cómo sabés cuándo es tiempo de recoger tu casa y tu familia y dejar tu país? O si decidís que no, ¿por qué?
Para la gente común, la guerra empieza con un sacudón: un día estás ocupado con turnos en el dentista y en un instante la rutina diaria se pulveriza. Los cajeros automáticos y los celulares funcionan. Luego, de repente, todo se para.
Se levantan barricadas. Se reclutan soldados y los vecinos trabajan para armar su defensa propia. Se asesinan ministros y el país entra en caos. Desaparecen los padres. Cierran los bancos. El dinero, la cultura y la vida que la gente conoce se esfuman. En Damasco, este momento ha llegado.
Pasé casi dos semanas en Siria a principios de este mes; tuve el privilegio –y la suerte– de conseguir una visa porque hay un bloqueo casi total a los medios.
El miedo que surge con la guerra civil era palpable. En las calles explotaban coches-bomba ; en un canal de TV hubo un enfrentamiento a tiros. La semana después de que estuve en Damasco, la Cruz Roja declaró guerra civil a la rebelión que llevaba ya 17 meses. Ningún sirio puede negar ya, como algunos lo hicieron, que su país esté en guerra y que la vida que llevaban esté llegando rápidamente a un fin.
Durante el tiempo que pasé en Siria la vida ordinaria se desarrollaba como en cualquier otro lado del mundo. Fui a ver óperas en uno de los mejores teatros especializados de Oriente Medio, fiestas en piscinas dionisíacas, bodas en las cuales las parejas se casaban de acuerdo a elaboradas ceremonias sunnitas y shiítas. La vida de alguna manera continuaba mientras la guerra trepaba al umbral de la puerta de Siria. Pero había una corriente de tensión, un temor tangible de que el conflicto se derramara pronto sobre Damasco.
La gente había empezado a abandonar la capital cuando llegué.
Había grupos de personas que partían y las embajadas estaban cerrando.
Los barrios de Barzah y al Midan, por cuyas calles yo había caminado dos semanas atrás, ahora eran zonas cerradas con barricadas, fortalezas de la oposición . Era riesgoso conversar en la calle después de la plegaria del viernes al mediodía, o hablar con partidarios de los rebeldes. Ahora será más sangriento.
Conozco la velocidad de la guerra. En todas las guerras que he cubierto –que incluyen Bosnia, Irak, Afganistán, Sierra Leona, Chechenia, Kosovo– los momentos en que todo pasa de lo normal a lo extremadamente anormal comparten una calidad similar. Una noche en Abiyán, Costa de Marfil, en 2002, por ejemplo, me fui a la cama después de cenar en un suntuoso restaurant francés. Cuando desperté, no había servicio telefónico ni radio en la capital; “los rebeldes” ocupaban el canal de televisión y el cielo estaba surcado por resplandores. Desde mi jardín yo podía sentir el olor de casas incendiándose. El intervalo de 24 horas entre la paz y la guerra me dio tiempo para juntar mi pasaporte, la computadora, las fotos favoritas y escapar a un hotel.
Mientras en el Consejo de Seguridad Rusia sigue vetando los intentos de reprochar y sancionar al presidente Bashar Al Assad, amigos de Siria informan por mails y por tweets sobre asesinatos, matanzas, médicos que torturan víctimas . Es difícil no ver que emerge otra Bosnia . Sirios que pocos meses atrás se identificaban como sirios ahora dicen que son alawitas, cristianos, sunnitas, shiítas, drusos.
La diplomacia está fallando. Kofi Annan, que adopta un comportamiento celestial, se mantuvo al margen y observó cómo en Bosnia y Ruanda se extendía el genocidio mientras él estaba a cargo de la mediación de paz. Ahora suplica ante el régimen de Assad para acordar un cese el fuego.
Hace 13 años, Annan entregó un informe a la Asamblea General sobre el fracaso de la comunidad internacional en evitar la masacre de bosnios en Srebrenica. La denominó “un error sin paralelo en la historia de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.” Nuevamente los Estados miembros carecen de la voluntad o el ímpetu para detener el asesinato de mujeres, niños e inocentes . Mientras ellos discuten por encima de los informes, más gente muere.
En Siria a principios de este mes hablé con la mayor cantidad de personas de la mayor cantidad de confesiones y situaciones posibles. Quería ver cómo contaban la historia los partidarios de Assad. Y quienes sufrían bajo el régimen.
En el viaje de dos horas de Damasco a Homs pasé por ocho puestos de control del gobierno. En un centro de refugiados atestado conocí a una mujer llamada Sopia que había visto por última vez a su hijo de 23 años, Muhammad, en la cama de un hospital de Homs en diciembre. En un ataque de morteros había sido alcanzado por metralla y un fragmento se le había alojado en el cerebro.
Una mañana llegó a la cama del hijo y estaba vacía. Los médicos le explicaron que lo habían trasladado a un hospital militar. Sopia se puso a buscarlo desesperadamente.
Encontró el cuerpo de Muhammad 10 días después en el hospital militar. Tenía claras señales de tortura : dos proyectiles alojados en la cabeza, marcas de electrocución en las plantas de los pies y alrededor de los tobillos y quemaduras de cigarrillo en la espalda.
En ese momento Sopia comprendió que estaba en un país en guerra. Me dijo que su hijo era un hombre sencillo, trabajador en la construcción, y no tenía vinculación con los rebeldes. Pero vivía en Baba Amr –zona de Homs que había sido bastión de la oposición– y se supone que los hombres de cierta edad son combatientes o partidarios del Ejército Sirio Libre.
La congoja de Sopia no era distinta de las madres de combatientes del gobierno muertos en Damasco por explosivos improvisados o metralla. Para ellas la política parece importar menos que el dolor crudo, la pérdida inconsolable.
A través del país entero soldados armados en puestos de control de carreteras revisan los autos que pasan en busca de armas y combatientes. Los pasajeros sospechosos son detenidos e interrogados. Camino a Homs, hombres pro Assad armados nos detuvieron por varias horas a mí, a mi traductora y a su madre en un puesto de control.
De vuelta en Damasco, visité un hospital militar donde vi los cuerpos mutilados de 50 soldados del gobierno rodando desde sus camillas ensangrentadas hasta sus ataúdes durante la preparación de un funeral masivo.
Me dijo el director del hospital que mueren 15 soldados del gobierno por día . Pero no hay modo de verificar esas cifras ni el número de muertes civiles. Naciones Unidas dice que han matado a 10.000, pero activistas humanitarios dicen que el total es cercano a los 17.000.
Una activista joven me cuenta que no tiene miedo de ir presa otra vez por protestar pacíficamente. Usa nombre falso y se muda con frecuencia. No puede comunicarse abiertamente por su celular ni por Skype. “Creo en lo que estoy haciendo”, dijo. Quiere vivir en un país libre de normas dictatoriales.
En una oficina del gobierno, un funcionario cristiano con nombre musulmán dice que creció en un país que era un caldero de grupos étnicos: refugiados de Armenia, cristianos, shiítas, sunnitas y ortodoxos griegos. Dice que la rebelión va a cambiar todo esto. “Todos los que creyeron en el modelo sirio han sido traicionados”, afirmó.